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Enloqueciendo.

Enloqueciendo.
Había llegado a casa tras una jornada fuera de casa y necesitaba una ducha, me dirigí al dormitorio mientras llamaba a Mikaela, como no contestó, me desnudé y me metí a la ducha, la verdad es que la insistencia de Mikaela cuando compramos la casa en tener un baño privado en nuestra habitación y sacrificar un hueco no me acabó de convencer, pero terminé por darla la razón, era un placer y muy práctico tener ese baño cerca de la cama, era amplio, luminoso y con una ducha muy grande, como me decía entre risas y miradas pícaras Mikaela cuando me bombardeaba constantemente con ese deseo del baño privado.
Abrí el agua y esperé unos segundos hasta que comenzó a salir a una temperatura adecuada, tibia, el día era caluroso y necesitaba refrescarme tras un largo día, comencé a jabonarme y me pareció oír la puerta abrirse, cerré el grifo mientras le decía a Mikaela que estaba en la ducha, y seguí jabonándome, tenía los ojos cerrados mientras lo hacía para evitar que la espuma del champú me entrara en los ojos y los irritara, cuando sentí su voz por el pasillo saludándome.
– Hola mi amor, ya llegaste, – dijo con esa voz dulce, que tanto me gustaba.
– Si, por fin, te parece que cuando salga de la ducha pidamos algo para cenar? –contesté mientras acababa de jabonarme y volvía a abrir el agua para aclararme
– No sé…. Creo que tengo una idea mejor. – Oí que me contestaba, desde la puerta del baño.
Cuando me aclaré y abrí los ojos, no lo podía creer, estaba asomada a la puerta con su sobrina, Rosa, la hija de Erika, su hermana mayor, estaban cada una a un lado de la puerta, mirándome sonriendo lascivamente, no podía creerlo!!!!
-Pero Mikaela, que haces!!! – Empecé a protestar tímidamente.
-Nosotras también necesitamos una ducha, cariño….Nos harás un sitio en la ducha?
Venían de hacer jogging, con unos pantalones cortos y camisetas sin mangas, se las veía deliciosamente sudadas y con los ojos chispeantes.
-No estoy seguro de que sea la mejor idea, Mikaela….- Seguí protestando sin mucha convicción.
-Deja que eso lo decidamos nosotras, no crees, Juan, mi amor.
Ambas entraron y comenzaron a desnudarse sin apartar la vista de mí, en realidad la situación me excitaba de tal manera que mi polla apuntaba al techo, se miraban entre ellas y me miraban a mí alternativamente.
-Estamos sudadas y necesitamos una buena ducha refrescante, serías capaz de negárnosla?
-Mi amor…..sabes que no podría negarte nada. – Mikaela sabía perfectamente como excitarme hasta el paroxismo, lo hacía casi a diario y se jactaba de ello.
Se acercaron lentamente, de la mano, abrieron la puerta de la ducha y Mikaela hizo una seña a Rosa con la cabeza mientras sonreía, nuevamente volví a dar las gracias mentalmente a Mikaela por insistir en esa ducha amplia y luminosa, me hice un poco a un lado, para que pudiera ponerse bajo el agua templada.
Rosa no dejaba de mirarme directamente a los ojos mientras se metió bajo el agua y comenzaba a pasar sus manos por su cuerpo. Mikaela cerró la puerta y me besó.

Una ducha después de hacer deporte siempre es necesaria, mi amor – Me dijo mientras me besaba, y ella también se metía bajo el agua.
La situación era tan excitante que mis ojos casi no parpadeaban, ahí tenía a dos mujeres increíbles bajo el agua, con sus cuerpos rozándose y mirándome con dulces ojos de vicio, el agua mojaba sus cuerpos, el de rosa un poco más menudo, joven, y el de Mikaela más maduro y curvilíneo de esos que te giras al pasar, dos diosas en la ducha.
Mikaela ya me había comentado que tras la experiencia con Erika Y Pablo, Rosa se había acercado a ella a veces para charlar, no sabía cómo abordar el tema de la sexualidad con sus padres y recurría a ella, su tía, abierta y comprensiva, era bisexual y había tenido disgustos cuando se lo decía a quienes eran sus parejas, niñatos cegados por una hombría mal entendida, Mikaela salía a hacer deporte con ella y hablaban, la aconsejaba y se relajaban corriendo por un gran parque cercano mientras se hacían confidencias.
Y ahora ahí las tenía, a escaso medio metro bajo el agua, mirándome con ojos de deseo, sencillamente increíble.
Me tendieron sus manos mientras me hacían un hueco entre ellas. – Irrechazable, pensé. Y agarré el gel y me dispuse a ayudarlas en esa reconfortante ducha.
Jabonaba el cuerpo de Mikaela mientras Rosa se pegaba a mi espalda y mientras una mano recorría mi pecho y vientre y la otra los pechos de Mikaela, Mikaela se pegaba a mi pecho y su mano tanteaba la dureza de mi polla y la turgencia de las nalgas de Rosa. Era como estar en el paraíso.
-Sabes la de veces que he pensado esto mismo, tía? – Dijo de repente Rosa.
-Puedo imaginármelas Rosa, ya he visto como nos mirabas a veces cuando estábamos juntos.
No salía de mi asombro, está visto que no me había enterado de nada, y Mikaela tampoco me había sacado de mi ignorancia, conociéndola, seguro que había pasado todo este tiempo urdiendo esta situación, pensé mientras la besaba bajo el agua.
Rosa dejó los pechos de Mikaela y se centró en mi polla y pezones, los pellizcaba ligeramente y susurraba a mi oído que estaba deseando tenerme dentro de ella, y comprobar si era tan rico como Mikaela la había contado. Miré a Mikaela y su cara era la de una viciosa desenfrenada, cuando se pone así es toda una fiera, nada la detiene, conocía bien esa expresión. Me miró y agarrándome de los hombros hizo que me girara hacia Rosa.
Al hacerlo, se apoyó en la pared, dejando un poco de distancia entre nuestros cuerpos, sus pezones estaban duros, tiesos, desafiantes, sus labios entreabiertos, sus ojos clavados en los míos, provocándome.
Mis manos se posaron en ellos, mientras Mikaela me animaba y miraba a Rosa con la cabeza apoyada en mi hombro.
-Rosa está deseando un hombre, y no niñatos con ínfulas, dale lo que necesita, mi amor, dáselo.
Mientras la besaba Mikaela nos acariciaba a ambos, y nuestras manos recorrían el cuerpo de Mikaela sin descanso, pasaban de uno a otro, de una piel a otra, sin pausa, elevando la excitación al infinito.

Finalmente Rosa se giro y apoyando sus manos en la pared me ofreció sus nalgas, mis manos las separaron y mi polla se apoyó en la entrada de su sexo, no quería follarla todavía, quería que lo pidiese, que lo suplicase, así que no presioné, simplemente apoyado mientras pellizcaba los pezones, que estaban durísimos, Mikaela también se ocupaba de Rosa, de su sexo, su vientre se movía, sus caderas buscaban mi sexo dentro de ella, pero aún no era el momento, los expertos dedos de Mikaela jugaban con su clítoris y Rosa gemía cada vez más, de vez en cuando giraba la cabeza y me miraba con rabia, me quería dentro ya, la besaba con pasión, mi lengua y la suya se entrelazaban en juegos diabólicos.
Finalmente Mikaela se sentó y llevó su boca hacía el clítoris de Rosa la escena era brutal, Rosa con su culo en pompa, mientras Mikaela se comía su clítoris, mientras mi polla permanecía entre los labios de su coñito sin acabar de entrar.
Estaba cada vez más desesperada, la excitación llegó a su clímax y tuvo su primer orgasmo, tras él Mikaela no se separó de su clítoris y Rosa gemía que por favor la metiera ya de una puta vez.
-Deja de torturarme y métela hasta el fondo de una puta vez.
Mikaela entonces puso una mano en mis nalgas y presionó. Empecé a notar como el calor de Rosa invadía mi polla, poco a poco, a medida que Mikaela empujaba, yo entraba en Rosa, que maldecía y temblaba. Mis manos en sus caderas, separando sus nalgas, mi polla ya entera en su interior la lengua de Mikaela sin dejar su clítoris, Llevaron a Rosa en cuestión de un minuto a su segundo orgasmo, los gemidos se volvieron roncos, profundos.
Notaba las contracciones en mi polla, y entonces Mikaela empujó con fuerza mis nalgas y me clavé hasta el fondo. Rosa se retorcía, y Mikaela había atrapado su clítoris entre sus labios, yo notaba su barbilla pegada a mis huevos, la sensación era enloquecedora.
Tras ese segundo orgasmo, Mikaela cerró el agua y soltando el sexo de Rosa la invitó a saborearse.
-Ven aquí, saborea tu coñito, sobrinita. -La dijo.
Rosa se sentó junto a Mikaela, y acerqué mi polla a sus labios. Su lengua recorrió entonces mi capullo y todos sus pliegues, la punta de su lengua repasaba cada milímetro de él, hasta que sus labios se abrieron y pasó al resto del tronco de mi polla, sabía cómo hacerlo, desde luego. Mikaela la abrá aleccionado sobre cómo se come una polla, o ya tenía aprendido el ejercicio, pensé mientras las veía a ambas, Mikaela me miraba con esa mirada suya, mientras acariciaba mis huevos.
Finalmente. Le arrebató mi polla cariñosamente a su sobrina, y se la metió hasta el fondo de la garganta, lenta y suavemente, pero sin parar, eso me hacía perder la cabeza, lo sabía…..me ponía al borde del orgasmo cuando lo hacía, y mientras me miraba con los ojos entornados al máximo, y Rosa no perdía detalle, creo que lo inaudito de la situación fue lo que hizo que no me corriese de inmediato.
Con la misma lentitud fue sacando mi polla, sin dejar de mirarme, ni un instante, era una maravilla verla hacer eso.
-Vamos Rosa, tú también puedes. -La dijo cuando finalmente acabó.
Respiré profundamente, no podía ser verdad. Rosa entonces me miró y como había hecho Mikaela se metió en la boca mi polla hasta que no quedó nada fuera, pero sus ojos empezaron a humedecerse y notaba su garganta

contraerse, estaba a punto de atragantarse, y sacó más rápidamente la polla llena de babas de su boca…. Había estado a punto de correrme y Mikaela disfrutando de ello, como una colegiala la mañana de Reyes.
Se incorporaron ambas y fue Mikaela la que, de nuevo tomó la iniciativa.
-Tómala en tus brazos y empálala como sabes.
Su mirada era perversa, estaba disfrutando. Rosa me extendió sus brazos y al acercarme la abracé, la levanté y apoyándola en la pared mientras la sujetaba por las piernas la elevé hasta que mi polla quedaba por debajo de su sexo abierto de par en par, Mikaela lo dirigió a la entrada y dejándola caer se introdujo por completo. Noté el cuello de su útero en mi capullo, acomodándose, Rosa tenía una expresión de incredulidad en su rostro, y Mikaela la acariciaba y besaba mientras la dedicaba palabras tiernas. Por un instante temí lastimarla, pero sus gemidos y movimientos enseguida me tranquilizaron, movía sus caderas en círculos, y cada vez gemía más u más alto, casi llegaba a gritar cuando se corrió, maldiciendo.
-Joder!!!! Que es estoooooo!!!!!
Mikaela sonrió y la dijo. -Te lo dije, te llevará al cielo, cariño.
Notaba como mi orgasmo se empezaba a convertir en irreversible, en cuestión de segundos no habría marcha atrás. Mikaela, mi amor, me voy a correr, dije entonces…..
Sin dar tiempo a Mikaela a responder, Rosa dijo. – Si, aguanta unos instantes y hagámoslo juntos, por favor, lléname, por favor.
-Ya sabes que tienes que hacer, amor mío, dijo entonces Mikaela.
Y comencé a embestir como antes lo había hecho en esa situación con Mikaela tantas y tantas veces, como una bestia desbocada, mis manos apoyadas en la pared, mientras sujetaban mis brazos las piernas abiertas y mi polla se clavaba en ella, sin piedad, entre resoplidos notando como el calor se acumula en mis riñones antes de explotar.
Y finalmente explotamos a la vez, como si nada más importase que nosotros tres.
La sujetaba en la misma posición cuando empezaba a salir mi semen del coñito de Rosa y Mikaela se acercó a recogerlo con su boca.
No se puede desperdiciar, dijo mientras luego se puso en pie y lo compartió con nosotros mientras nos besábamos los tres apasionadamente.
La locura, pensé entonces, acababa de comenzar.

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