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Historias oscuras de una Eva y su Adán 2

Historias oscuras de una Eva y su Adán 2
Historias oscuras de una Eva y su Adán 2

Habían pasado tres días desde el encuentro en la cafetería, al día siguiente era un día festivo y Adán decidió llamarla para pasar el día juntos en su casa. Eva aceptó la invitación encantada.
A la mañana siguiente, Adán salió de su nueva ducha con efecto lluvia relajado, se puso una toalla alrededor de la cintura y se miró al espejo pensando si afeitarse o no, las canas se hacían notar pero no le quedaban mal pensó, iba a secarse el pelo cuando sonó el timbre de la puerta, se acercó y miró por la mirilla, era Eva, abrió la puerta, venía vestida con un conjunto de dos piezas color azul marino que le quedaba muy bien, zapatos blancos y un bolso de mano blanco a juego y con los labios pintados de rojo.
-¡Buenos días! Has venido pronto, le dijo él.
-¡Hola! ¿No era a las diez? Preguntó Eva.
-No, te dije a las once, pero no importa, pasa y prepara dos cafés si te apetece, por cierto, estás preciosa. Eva se sintió alagada y le dio un beso. Él le metió la mano por debajo de la falda y notó que le había hecho caso, había venido sin bragas. Eva se sonrojó, le gustaba esa sensación pero no estaba acostumbrada a estas acciones tan directas.
-¡Buena niña! Le dijo y la besó en la boca, con una palmadita en el trasero le dijo que preparara los cafés.
Adán no sabía que a ella le excitaba el pelo mojado y la toalla a la cintura sin nada más.
-Voy a vestirme.
-No es necesario, estás muy bien así, le dijo mientras se dirigía despacio a la cocina.
-¿Te gusto así? Preguntó él con una media sonrisa.
-Sí, Eva le devolvió la sonrisa y asintió con la cabeza.
-Entonces acércate y bésame le dijo él. Ella lo besaba y tocaba su pelo mojado, se estaba excitando cuando la mano de Adán cogió la suya y la dirigió por debajo de la toalla. Eva notaba como su polla crecía en su mano al mismo tiempo que notaba como su coño se mojaba.
-Mi señor, tengo el coño mojado como a ti te gusta. Él lo comprobó, y cuando sacó los dedos mojados de sus jugos se los metió en la boca mirándole a los ojos.
-…Delicioso, le dijo, pero ahora nos tomaremos el café, después, te lo comeré. Eva obedeció sin rechistar.
Ninguno de los dos tenían prisa, el día de hoy era para ellos, para sus juegos, sus fantasías, incluso la noche la pasarían juntos. Adán y Eva eran dos adultos a los que les gustaba practicar sexo el uno con el otro, cada uno estaba asumiendo un papel sin proponérselo y se encontraban a gusto en el, ella se estaba convirtiendo en la niña mala y sumisa de su señor, y él, era el señor de su niña mala.

Se tomaron el café uno en frente del otro, Adán le pidió que se subiera la falda y separa las piernas, quería ver su coño mientras disfrutaba del café. Eva, aunque ya habían follado días atrás, no pudo evitar ruborizarse un poco, pero obedeció.
-¿Sabes cuál es el plan que tengo preparado para hoy?
-No, pero seguro que me gustará.
-Hoy voy a cocinar para ti, he comprado algunas cosas que espero que te gusten, serás mi invitada y mi esclava al mismo tiempo, comerás lo que yo haga y harás lo que yo quiera.
Eva, al oír aquellas palabras en un tono tan sereno y seguro, sintió un escalofrío de placer. Adán era sólo un poco mayor que ella, pero era el primer hombre que iba a cocinar para ella, y no porque ella no dejara que otras personas lo hicieran, más bien porque la vida le había venido así, también era el único de los pocos que habían pasado por su vida al que se estaba entregando de aquella manera, se sentía cómoda y segura con él, lo veía tan seguro de sí mismo que deseaba estar en sus manos, comer su comida, obedecerle, ser su sumisa. Mientras pensaba en esas cosas su coño no dejaba de humedecerse, le gustaría sentarse encima de su polla y que la follara allí mismo, pero Adán marcaba las reglas y el ritmo.
-Como vos digáis mi señor, le dijo mientras sonreía.
Después del café la invitó a seguirlo, la llevó hasta la mesa del comedor y la sentó en ella, la recostó y le subió la falda, contempló un momento su coño depilado y acercándose a su oído le dijo.
-Voy a comerte el coño sin prisas hasta que te corras en mi boca, me gusta tu sabor después del café.
Eva se excitaba cada vez más, se sentía como un plato listo para ser devorado por su señor. Adán empezó mordiendo sus muslos, lamiéndola; el coño de Eva se abría para él, que ya jugaba con su clítoris, su lengua no dejaba rincón sin explorar, metía la punta de la lengua en la vagina, Eva gozaba mientras sus manos acariciaban el pelo aún mojado de Adán, el succionaba su clítoris como si quisiera arrebatárselo mientras el cuerpo de Eva se agitaba entre gemidos.
-¡Voy a correrme mi señor!
-Adelante, le dijo él. Lléname la boca de ti, lo estoy deseando.
Eva no pudo aguantar más y se corrió entre espasmos de placer.
Cuando finalizaron el primer asalto del día, la ayudó a bajar y le dijo que pusiera música mientras él se vestía, en un par de minutos apareció con unos vaqueros, una camisa blanca, descalzo y con una sonrisa para ella. Salieron al balcón con un par de martinis blancos. Adán los preparaba con una rodaja de naranja, una aceituna y unas gotas de ginebra, no le ponía hielo porque lo tenía en la nevera y el hielo lo aguaba decía. Durante un rato hablaron de cosas triviales, cuando estaban juntos hablaban sin darse cuenta de que el tiempo pasaba inexorable. Adán miró su reloj y dijo que tenía que ir a preparar la comida pero que ella podía quedarse allí. Eva dijo que de acuerdo, preparó dos martinis más, y le llevó uno a la cocina, él le apretó los labios y la besó, ella salió con su copa de nuevo a la terraza, se acomodó en la hamaca y disfrutó del sol en sus largas piernas. Adán aparecía de vez en cuando y la besaba, le comía la boca y le acariciaba los pechos, luego volvía a la cocina. Eva pensaba que podría vivir así toda la vida.
-¡La comida está lista!
-¡Voy! Contestó ella.
El se puso detrás de una silla y la ayudó a sentarse.
– S’il vous plaît, asseyez-vous et profitez.
Le dijo en francés, a Eva que le gustaban los idiomas, le gustó el detalle.
-Merci, respondió.
Le sirvió una copa de vino frío y los spaghetti con almejas que había preparado.
-Espero que te gusten mi niña.
-¡Seguro que sí!
-De postre he preparado unas fresas con nata y ralladura de lima.
-Me tratas demasiado bien.
-Nada es demasiado para mi niña sumisa, tú lo vales.
Eva tenía apetito después de las dos comidas de coño que le había hecho Adán y antes de poner la mesa se la había follado allí mismo donde ahora iban a comer. El café y el cava frío lo tomaron en el sofá casi sin hablar, no hacía falta decir casi nada, con la complicidad de las miradas les bastaba, los dos disfrutaban del transcurso del día, vieron una película y cuando terminó, él le dijo que le comiera la polla, ella encantada obedeció, quería tener su polla en la boca y saborearla, metérsela toda hasta el fondo de su garganta. Le bajó la bragueta, se la sacó y empezó a jugar con ella. Ahora era él quien enredaba sus manos entre su pelo mientras ella disfrutaba de una sabrosa y dura polla. Unos minutos después Adán se corría en su boca, cuando él se apartó ella se relamía mirándolo, dejó que su leche cayera de su boca a sus pechos mientras se frotaba los pezones, Adán disfrutaba observándola. Se levantó del sofá y la llevó a la cama, le ató las manos, separó sus piernas y le ató los pies, se colocó entre sus piernas y le comió el coño dos veces sin apartarse de él. Eva gemía, jadeaba, se retorcía y se corría. Después la desató y le dio la vuelta, la puso a cuatro patas, y volvió a atarle sólo las manos, le comió el culo, su lengua intentaba penetrarla por detrás al mismo tiempo que sus dedos jugaban con su clítoris, a Eva le temblaban las piernas cuando volvió a correrse, nunca le habían hecho un beso negro, no sabía que se podía sentir ese placer.
Adán la volvió a desatar , pero esta vez se abrazó a ella y se quedaron adormilados un buen rato.
El día transcurría placenteramente pero dejó paso a la noche, Adán preparó una cena ligera, sacó un surtido de quesos, pan de semillas, preparó una ensalada y para el postre sacó un plato de melocotones del campo de sus padres que llenaron de un agradable aroma el comedor, acompañado todo del vino blanco que quisieron beber. Con el punto que les dio el vino, Adán, cuando terminaron de cenar cogió a Eva y se puso a su espalda, la inclinó y sin decirle nada le levantó la falda y se la folló en la mesa sin recoger, ella notaba como su polla entraba y salía de su coño, los envites de él mientras la cogía del pelo y de los hombros, la follaba sin decir nada, ella, en su papel de sumisa tampoco decía nada, solo los gemidos de ambos y el tintineo de la vajilla rompían el silencio. Adán terminó corriéndose mientras Eva se quedó a punto, estaba muy excitada, le había faltado muy poco, notaba como el cálido semen le caía por los muslos.
-No creas que me olvido de ti, es que me apetecía follarte.
-Sabes que puedes hacer lo que quieras conmigo.
-Sí, lo sé, por eso te vienes ahora al baño, creo que una ducha nos dejará como nuevos.
Se desnudaron y se metieron en la nueva ducha que había reformado Adán, tenía un ancho banco de mármol, era espaciosa y la ancha alcachofa de la ducha tenía un agradable efecto lluvia. Una vez mojados comenzaron a enjabonarse el uno al otro como si fuera un juego, ahora aquí ahora allá, al mismo tiempo se besaban. Con los cuerpos enjabonados, Adán puso a Eva de cara contra la pared y se apretó contra su cuerpo, una mano se coló por el poco espacio que quedaba entre la pared y el coño enjabonado de Eva y comenzó a tocarla sin miramientos, parecía que no había estado con una mujer desde hacía tiempo, le besaba el cuello y le mordía las orejas mientras sus dedos seguían frotando su clítoris, Eva se deshacía con aquella paja. Adán notaba que su niña estaba a punto y entonces le dijo.
– ¿Quieres que pare? Puedo parar si no estás cómoda.
-¡No! ¡No pares ahora por favor, me voy a correr ya!
-¿Te vas a correr en mi mano?
-!Sí!
-Me gusta oír como lo dices, pues venga mi niña, córrete tranquila, no voy a dejar de tocarte hasta que note tus jugos en mi mano, quiero sentir como te corres.
Eva lo oía hablar y no pudo aguantar más, se corría en la mano de Adán mientras éste abría el grifo al mismo tiempo que ella tenía sus espasmos para que el agua callera sobre sus dos cuerpos, estuvieron así contra la pared varios minutos sintiendo como el agua caía por sus cuerpos. Después se acostaron y se quedaron durmiendo hasta casi las siete de la mañana. Antes de levantarse se tocaron, se besaron, se mordieron, se follaron y se corrieron. Tras una ducha y un buen café, la besó en la puerta y se despidió de ella.
-¿Cuándo te puedo volver a llamar? Le preguntó.
Eva se acercó a su oído y con una voz sensual le dijo.
-Cuando quieras, sabes que soy tu niña mala mi señor.
El sonrió y cerró despacio la puerta mientras contemplaba como aquel cuerpo que había sido suyo se alejaba hacia el ascensor.

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