Uncategorized

Mi amigo aprovecha mi ausencia

Mi amigo aprovecha mi ausencia
Mi amigo aprovecha mi ausencia

Esa noche había invitado a mi antiguo amigo Luis a cenar en casa. Llevábamos mucho tiempo sin vernos y realmente fue una gran alegría poder encontrarnos.
Con tiempo suficiente llamé a Ana para avisarle de la cena y ella contestó que estaría encantada de volver a ver a Luis después de tanto tiempo…

La reunión resultó muy amena entre los tres y cuando estábamos ya por el café después de la cena, sonó mi celular. Era mi Jefe en persona, que lamentaba mucho interrumpirme a esa hora tan tardía, pero me necesitaba en la oficina con urgencia, ya que nuestro equipo de trabajo se hallaba sumergido en una emergencia informática y él consideraba que era necesaria mi presencia allá.
Luis fue muy comprensivo con el imprevisto; agradeció la velada, se despidió cariñosamente de Ana y partió en su auto minutos antes que yo.

Transcurrida apenas media hora de mi partida y estando todavía en camino, recibí una llamada de mi dulce mujercita. Se la podía oír algo nerviosa mientras me consultaba cuánto tiempo estimaba que iba a tardar en regresar. Alegó que había olvidado comprar un medicamento, que debía tomar temprano por la mañana. Le respondí que todavía no lo sabía, pero estimaba que por lo menos serían unas tres o cuatro horas…

Apenas terminé de hablar con ella, me llamaron los técnicos para avisarme que habían solucionado el problema y que ya no era necesaria mi asistencia. Así que con gran alivio, retomé el camino de regreso a casa.
Al llegar me encontré con una sorpresa: allí estacionada unos metros más lejos en la vereda de enfrente estaba la inconfundible camioneta de mi amigo Luis, mezclada entre los autos de mis vecinos como para pasar desapercibida…
Ahora entonces entendí los nervios de Ana al llamarme. La finalidad de ello era asegurarse que yo tardara bastante en regresar…
Tuve un presentimiento y no me equivoqué. Pasé de largo frente a mi casa, estacioné mi auto en la esquina siguiente y volví sobre mis pasos.

Sigilosamente entré por la cochera que comunicaba con el jardín posterior de la casa. Disimulado entre los árboles, arbustos y la oscuridad de la noche, me ubiqué de modo tal de poder ver claramente lo que sucedía en el interior de la casa, más precisamente, en el living que estaba con una iluminación bastante tenue. Por el ventanal, abierto de par en par y con las cortinas recogidas vi con claridad que Anita, recostada en el sofá estaba besándose abrazada con Luis…
De repente, él comenzó a desnudarla mientras le acariciaba sus firmes tetas. Ana ella cerraba los ojos complacida, gimiendo suavemente al sentir las manos de mi amigo sobre su cuerpo. Luis le quitó la pollera y la tanga, siguiendo después con el manoseo del firme cuerpo de mi esposa.

También mi amigo se desnudó con precipitación. Pude ver su verga bastante erecta, mientras luchaba por calzarla dentro de un condón. Anita lo miraba con expresión divertida; lo esperaba de espaldas sobre el sofá, con sus torneadas e interminables piernas bien abiertas para recibirlo.

Me pareció ver que a Luis le costó un poco pero al fin logró penetrar la delicada concha de Anita, a pesar de que su verga no era precisamente gigantesca, sino todo lo contrario. Luego comenzó a bombear con un ritmo parejo en un buen mete y saca.
Ella gemía con suspiros bastante lujuriosos, mientras él acompañaba sus embates con algunos quejidos bastante lastimeros…
Así estuvieron ambos gozando al máximo durante varios minutos, hasta que sobrevinieron las últimas embestidas, acompañadas de unos estremecimientos anunciando que mi amigo estaba próximo a descargar toda su leche en ese condón que ahora estaba metido en la delicada vagina de Ana. Me pareció que mi dulce mujercita no había alcanzado el clímax mientras Luis la bombeaba sin descanso…
Finalmente Luis alcanzó el límite de su potencia; acabó y se quedó reposando, largamente, sobre el vientre de Anita, sobre su pecho húmedo de transpiración. Se quedaron quietos ambos durante unos instantes. Mi esposa parecía distendida, aunque su expresión denotaba que no había quedado satisfecha por el tratamiento recibido.

Yo continuaba en las sombras del jardín; pensaba que el hijo de puta de mi amigo había calculado todo apenas supo que yo debía ausentarme y había regresado con toda la intención de cogerse a mi dulce mujercita. Ella por supuesto, evidentemente no se había negado a su propuesta; todo lo contrario, parecía que la había disfrutado al máximo, sin disimular el placer que experimentaba al dejarse coger.

Se besaron tiernamente, hasta que Luis se levantó y se vistió en silencio. Luego volvió a besarla y ella lo acompañó hasta la puerta de calle. Luego Anita cerró las ventanas y las cortinas, apagando las pocas luces que habían quedado encendidas. Pude ver como se estiraba todavía totalmente desnuda y se dirigía al baño para darse una ducha caliente. Seguramente iba a tener que masturbarse para quedar completamente satisfecha, alcanzando ese buen orgasmo que le había sido negado por la rapidez de mi amigo en acabar…
Me fui a tomar un café y a leer el diario en una estación de servicio. Una hora después regresé a casa y entré sin hacer demasiado ruido. Ana estaba acostada boca abajo en nuestra cama, relajada, con una amplia sonrisa en sus labios rojos.

Llevaba puesto unas medias de nylon color negro y unos zapatos de taco alto que me volvían loco. Eso confirmó mis sospechas: no había quedado lo suficientemente satisfecha con la cogida de mi amigo y entonces esperaba que yo completara su obra…
Me desnudé mientras sentía mi verga latiendo y endureciéndose. Ana tenía los labios vaginales bastante abiertos y se los había lubricado con gel… quería más guerra…pero mi verga quería algo distinto…

Ana se despertó gritando de dolor, completamente empalada por el culo… ese hermoso culo que por suerte mi amigo Luis no había intentado penetrar…
Esa era mi venganza contra mi dulce mujercita… iba a cogerla como yo quería, mi dura pija disfrutando de su estrecho culo, pero sin permitirle disfrutar ni un solo orgasmo…

Bunlar da hoşunuza gidebilir...

Bir cevap yazın

E-posta hesabınız yayımlanmayacak. Gerekli alanlar * ile işaretlenmişlerdir