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Antonella, el día que fue sodomizada

Antonella, el día que fue sodomizada
21 de Febrero de 2004

Los que hayan leído la primera parte de mi relato “Antonella”, recordaran que por aquella época yo me encontraba estudiando en el colegio “modelo” de mí ciudad en Argentina y era víctima del abuso de los estudiantes de grados superiores, en realidad todos los alumnos de mi clase lo éramos, pero eso no nos impedía disfrutar de ciertas delicias que solo la escasa edad e inexperiencia brindan y que luego se pierden para dar paso a otro tipo de goces. Como aquella vez, en la que descargue mi semen con un poderoso orgasmo, masturbándome frente a Antonella.
Esta es la historia de cómo la niña que tal vez fue la más hermosa mujer del colegio Modelo, presa de la curiosidad y entregada a la lujuria, obsesionada por la virilidad de quien esto relata, perdió su primera virginidad, conoció su debut anal. Esta es la historia del día que Antonella fue sodomizada.
Habían transcurrido unas semanas del episodio anterior en el colegio, y luego de un poco de perseverancia e insistencia de mi parte porque tal vez Ella supiera que esta vez sería diferente, logre que Antonella accediera a un nuevo encuentro para repetir la experiencia pasada.
Esta vez el ámbito no fue el colegio dado que ambos temíamos ser descubiertos, de forma que me las arregle para robarle el auto a mi padre y así fue que me encontré muy temprano en la mañana levantando a mi chica en una esquina cercana al instituto y rumbeando a un hotel.
Llegamos y prontamente supe que tanto había impresionado mi miembro a la chica, dado que ni bien hube cerrado la puerta a mis espaldas, Antonella se abalanzo sobre mi entrepierna desabrochando mi bragueta como desesperada, como si una fuerza o causa desconocida y superior al género humano se supone que controla y dirige inexorablemente, y con mi verga ya blandiéndose sobre la carita de Antonella, deje caer mí pantalón al suelo, descubriendo así mis genitales, que fueron recibidos con sus manos al tiempo que lamía con su lengua mi tronco, con mi glande rozando sus hermosos rulos y dando golpecitos sobre su frente, haciéndola sonreír, mirándome picara con sus grandes ojazos café.
Acaricie dulcemente su carita, sus cabellos, su cuello y sus pechos al tiempo que la desvestía, y luego Ella hizo lo suyo conmigo, desabrochándome uno a uno los botones de mi camisa al tiempo que intentaba infructuosamente albergar mi pene entre sus labios tiernos. Se hallaba arrodillada ante mí rozando mis piernas con sus pezones, adorando mi miembro, vistiendo solo su pollera gris del uniforme, cuando decidí poner fin a mi curiosidad y conocer por fin las delicias que la tela ocultaba. Conocía sus exuberantes formas, que infinitas veces las había desnudado en mi imaginación, conocía sus piernas, que Ella misma había revelado ante mí, conocía la belleza de sus caderas, que saltaban incontenibles de los bordes de sus braguitas, pero en nuestro anterior encuentro eran sus nalgas las que habían escapado a mis ojos, y esta era mi ocasión de revelarlas a la luz del mundo y de mis ojos, para placer de mí cuerpo y de mi mente.
Me costó un poco retirar su atención de mi zona pélvica, pero al hacerlo una gran sonrisa me recibió y no pude menos que besarla largamente en los labios al tiempo que me agachaba, soltando el ganchito que unía la pollera en círculo abarcando el contorno de su cintura sobre sus caderas, la invite a pararse y tomándola de las nalgas, sopesando aquella vastedad carnal, la ubique de forma de poder ver su culo en el espejo de una pared, y lo que vi me paralizo, se agito mi respiración y acelero mi corazón. El reflejo de nuestra imagen sobre el vidrio mostraba mis manos sosteniendo la más tierna figura que mujer alguna podía ostentar en su trasero, oculto aún bajo la ajustada bombacha de puntilla rosa se hallaba un culito en forma de manzana perfectamente delineada que resaltaba soberbiamente de su figura bajo una larga espalda de acentuada cintura que haría contener la respiración a cualquier hombre. Sin pensarlo dos veces hice voltear a Antonella para admirar de cerca su portento y al verlo ante mí no pude menos que exclamar un elogio resumido en la frase:
-“Es infinitamente más hermoso de lo que jamás podría haber imaginado!”
Luego la voltee y diciéndole que ahora solo podía hacer una cosa, la encamine a la cama y recostándola boca abajo, retire la bombacha, y sus bellas nalgas se abrieron ante mi liberadas mostrando mi objetivo encarnado en un delicado esfínter que relucía a la luz invitándome al placer.
Volviendo a recordar esa frase que describe el destino como fuerza o causa desconocida y superior al género humano que se supone que controla y dirige inexorablemente, supe que era el destino de mi virilidad invadir su ano y el de su culo recibirme entre sus nalgas abrazándome con su caliente esfínter anal. Algo más allá de todo y todos debía ser obedecido y exigía que mi semen llenara su orificio anal.
Con mi obscena virgen ostentando su pomposo culo en flor entre mis piernas, la respiración agitada, el corazón galopante y una determinación a prueba de todo recordando la palara inexorable, dirigí mis labios a su lóbulo izquierdo, donde susurre:
“Antonella, ahora mejor relajate, voy a sodomizarte y no pienso detenerme hasta haberme descargado completamente.” -Mientras con mi mano derecha esparcía el líquido pre seminal que la excitación hacia fluir de mi pene.
Para mi asombro Ella solo acomodo sus manos bajo su pera, y junto aún más sus piernas, cruzando sus pies y pantorrillas, entonces dirigí mi glande decididamente al centro de aquel infernal paraíso de lujuria y penetre lentamente su ano mientras sus manos crispadas apretaban nerviosamente la almohada. Larga e implacable estocada dejo mis pesados genitales apoyados sobre sus nalgas al tiempo que un sollozarte suspiro de mi bella Antonella se escuchó en el ambiente…
Así como estaba, con mi doncella plenamente empalada, y sin retirar ni un milímetro de mi pene de su ano, comencé la larga y maravillosa descarga seminal que sentí fluir al instante en el que mi pene lleno su ardiente recto en medio de esas tan voluminosas nalgas de jovencita virgen, descargue mi semen sin movimientos de cadera ni pélvicos, solo con los involuntarios espasmos de mi pene sintiendo llorar a Antonella, al tiempo que la calmaba con susurros sordos y guturales que eran lo que apenas salía de mi garganta ebria de emoción…
Permanecí así por varios minutos, sentí mi pene disminuir sensiblemente su erección, pero luego de ese lapso y conciente de que mi bella mujercita se relajaba levemente empecé a sentir nuevamente el deseo y comencé suaves movimientos pélvicos a la vez que ubicaba mi brazo derecho bajo su rostro apoyando su mejilla izquierda y corrí sus rulos para besar el perfil derecho de su rostro, sorbí sus lagrimitas de los cachetes, le dije que estaba enloquecido de placer y que dejaría más de mi semen en su interior, la bese con dulzura y le pedí que soporte otro poco, ella accedió con un movimiento de su cabecita pero susurro que termine rápido, así que tome sus caderas con firmeza y acelerando paulatinamente el ritmo le cogí firmemente el culo, sintiendo más y más sus nalgas ceder ante la presión de mi pelvis a la vez que más profundo me hundía en su ano llevándome a un nuevo y celestial orgasmo que arrojo más leche en sus divinas entrañas y me dio más placer del que jamás podría haber imaginado…

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