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CONVENCER A TU PAREJA

CONVENCER A TU PAREJA
Es increíble cómo nos ha cambiado la vida Internet, al menos en el terreno sexual. Hoy tenemos a nuestro alcance miles de vídeos, millones de fotografías e incontables webs con consejos que nos ofrecen posibilidades sexuales que nuestros padres jamás llegaron a imaginar. Pero nuestras parejas no siempre son tan abiertas a la experimentación como nos gustaría, o quizá nos falta el valor para sacar el tema, de tal modo que todo este conocimiento acaba alimentando fantasías.

Esto lo sé de primera mano porque a mí también me ha pasado (¡sorpresa, las chicas TS también hemos sido inexpertas en el sexo!). Por ejemplo, mi primera pareja aceptaba sin problemas que yo fuera una chica TS, pero no concebía que yo pudiera jugar con su trasero (no digo usando mi pene, simplemente con un dedo, mi lengua o un juguete), ni que su mano pudiera masturbarme mientras me penetraba. Y yo quería probar montones de cosas, pero jamás me atreví a decírselo porque tenía miedo de que se enfadase, incluso de que me dejara. Y al final, cuando la relación acabó, me sentí bastante tonta: quizá, si hubiese expresado mis deseos, el tiempo que habíamos pasado juntos habría sido mucho más placentero.

Con la experiencia de mis siguientes parejas y hablando con mis amigas, he ido dándome cuenta de lo difícil y, al mismo tiempo, lo sencillo que puede ser realizar nuestras fantasías con la ayuda de la persona con la que solemos mantener relaciones sexuales. Quizá estos párrafos os puedan servir de ayuda e inspiración. Y aunque creo que os puedes ser más útiles a los chicos que a las chicas, en verdad creo que pueden servir a cualquier persona.

¿TODAS LAS FANTASÍAS SON IGUAL?
Yo tengo la convicción de que todas las fantasías sexuales son iguales: prácticas que no están pensadas para reproducirnos, sino para ofrecernos un placer diferente al que se obtiene con el acto sexual tradicional. Desde mi punto de vista, tanto masturbarse uno solo hasta participar en una orgía buscan el mismo objetivo: darnos placer.

Ahora bien, ni a todo el mundo le excitan las mismas cosas (cada cual tiene sus propias fantasías), ni todas las parejas ven con idénticos ojos tus fantasías. Las costumbres, la sociedad, la pornografía y nuestra misma edad nos hacen contemplar ciertas prácticas como menos transgresoras que otras. Yo suelo considerar que existen varios grupos:

* Las fantasías de terciopelo, es decir, aquellas que nos resultan suaves y agradables. Son aquellas que tienen que ver con la masturbación mutua del pene y el clítoris, los masajes corporales, la estimulación del punto G femenino o el sexo oral (siempre que él no eyacule). Son buenas para iniciar a una pareja poco experimentada, puesto que suelen considerarse sensuales y la pornografía ha hecho que resulten más o menos comunes en el imaginario colectivo.

* Las fantasías exóticas, a saber, las que son igualmente suaves pero que no son tan comunes en el imaginario colectivo. Por ejemplo, aquí estarían los roleplaying, los juegos con esposas, los disfraces, los besos negros, la eyaculación sobre diversas partes del cuerpo (incluida la boca) y la masturbación realizada con los pies, las nalgas o los pechos. Aunque tienen un componente muy excitante por ser poco habituales, lo cierto es que no son muy diferentes a las fantasías de terciopelo, por lo que resultan una buena forma de continuar introduciendo a tu pareja en el mundo del placer sexual.

* Las fantasías prohibidas, o lo que es lo mismo, aquellas que no siguen las pautas del sexo tradicional. Aquí podemos incluir los tríos, los juegos con esperma, los masajes de próstata, el sexo anal practicado a la chica, el travestismo y las relaciones menos intensas de dominación y sumisión. Estas resultan más complejas de realizar con la pareja, pues no solo requieren una mayor implicación física por parte de la chica, sino también una vinculación emocional en lo que se está haciendo (dicho de otra manera, que si la otra persona no disfruta posiblemente se arruine la fantasía). Generalmente requieren un consenso mayor y pasar más tiempo preparando a la pareja.

* Las fantasías inconfesables, que no son ni más ni menos que aquellas que rompen de manera completa con las prácticas sexuales tradicionales. Podemos incluir en este grupo la penetración del hombre por parte de otro hombre o de una mujer empleando un arnés, las orgías, el BSDM, la humillación y dominación, además de otras muchas prácticas que mucha gente no querrá practicar salvo que realmente sintiera un interés previo hacia las mismas. Al igual que en el caso anterior, es necesario trabajar mucho con la pareja, pues la implicación de este a todos los niveles es imprescindible.

¿POR QUÉ ES COMPLICADO CONVENCER A TU PAREJA?
Todos los niveles de fantasía entrañan cierta dificultad, e incluso las fantasías de terciopelo pueden ser rechazadas si actuamos de manera ruda. Por ejemplo, sé de gente que en mitad del acto sexual le ha dicho a su pareja:

– ¡Me voy a correr en tu boca!

E incluso gente que, en mitad de una cena, ha comentado con una naturalidad pasmosa:

– ¿Qué te parece si hoy te doy por el culo?

Si la otra persona está acostumbrada a este tipo de prácticas, no hay ningún problema. Pero si no lo está, la repentina pregunta tendrá un efecto devastador. Por ejemplo, si tu pareja nunca ha tenido sexo anal, tanto si es hombre como mujer, lo primero que va a pensar es que eso duele… y eso si no piensa que eso es pecado o que dicha práctica es de prostituta. Incluso si la idea ha pasado alguna vez por su mente, la forma en que lo has dicho hará que la otra persona se ponga nerviosa e instintivamente te responda que no.

Por lo tanto, tendremos que trabajar en la forma de expresar nuestros deseos, de tal modo que no sea una bomba que le explota en la cara.

¿POR QUÉ NO LE GUSTA LO MISMO QUE A MÍ?
Cada persona es diferente y tiene gustos distintos. Además, como generalmente nos han educado de manera distinta, las fantasías femeninas no siempre son las mismas que las fantasías masculinas, aunque eso está cambiando muy rápido debido a la mayor libertad sexual que tenemos en estos tiempos y la educación más igualitaria que experimentamos.

Por ejemplo, yo tengo una amiga que siente un asco inmenso hacia el sabor del esperma. Lo ha intentado tragar varias veces, pero es incapaz, y la sola idea de tenerlo unos segundos en la boca le provoca náuseas. Sin embargo, el novio ha probado con ella muchos juegos anales, desde besos negros e introducción de un dedo hasta, más recientemente, penetración con pequeños juguetes. Eso ha hecho que descubra la sensibilidad de su ano y la idea de ser penetrada por el pene de su pareja cada vez resulte más atractiva. Es solo un ejemplo de cómo dos fantasías pueden tener reacciones muy diferentes en una persona.

Habrá, por lo tanto, fantasías que a tu pareja no la atraigan. No te obsesiones con ellas, antes al contrario, dedica tus esfuerzos a buscar aquellas que os pueden unir más y que os gusten a ambos.

CONVENCIENDO A TU PAREJA
La mejor forma de conseguir que tu pareja practique algún tipo de fantasía sexual contigo es tener una relación sincera en la que habléis del sexo con naturalidad. Esto es muy fácil de decir, pero resulta difícil encontrar un momento o un lugar apropiado, sobre todo si no tenéis un espacio propio. Mi gran consejo es: para que satisfagan tus necesidades, primero piensa en satisfacer a tu pareja.

Para empezar, recuerda que tu pareja no es un juguete sexual, sino una persona que también tiene deseos y fantasías. Por ello, no es cuestión de darle una orden: “Hazme esto de tal manera”, porque incluso si te obedece, es muy posible que lo haga sin ganas. Lo que debes hacer es descubrir las prácticas con las que fantasea y, entonces, satisfacerlas de tal modo que se empiece a interesar por abrir el abanico de los juegos y experiencias que mantenéis en la cama.

¿Cómo lograrlo? Obviamente tenéis que hablar sobre sexo, pero no en cualquier momento, sino en un ambiente donde la otra persona se sienta a gusto y segura, por ejemplo, en un lugar íntimo y después de haber tomado varias copas, mientras le das un masaje o disfrutáis de un relajante baño juntos. No lo hagas nunca delante de otra gente o en un lugar donde puedan oíros, pues eso puede cortar a la otra persona. Ten cuidado también de que no parezca que le estás diciendo que no te gusta el sexo que estáis teniendo: la idea es que sienta que quieres mejorar la experiencia sexual, no recriminarle su escasa experiencia.

Debes tener claro que tu pareja tal vez no se sienta suelta al principio, por lo que tal vez no sepa qué responderte si le preguntas su fantasía, o quizá simplemente le de vergüenza confesarte algo que teme que te pueda escandalizar o resultar cómico. Por ejemplo, tengo una amiga cuya gran fantasía era que su chico le diera repetidos orgasmos solamente empleando sexo oral, pero nunca se atrevía a decírselo porque pensaba que él la iba a considerar una egoísta. Sin embargo, el chico se mostró muy comprensivo y dispuesto, y así logró que ella se sintiera predispuesta a devolverle el favor.

Si quieres, puedes romper el hielo contando tus propias fantasías, pero solo las de terciopelo, de tal modo que la otra persona se vaya haciendo a la idea. Si la ves receptiva, podéis ir subiendo escalones juntos, y si la ves algo cortada, pues te quedas en el nivel en el que estés. Además, no hables de tu fantasía en general, sino que siempre pones a tu pareja como la protagonista o receptora, de tal modo que sienta que ella es un elemento fundamental. Tú no quieres correrte en la boca de cualquier persona, quieres correrte sintiendo su labios suaves, mirando a su hermoso rostro, sintiendo como tu esencia inunda la dulce boca que te ha dado tantos cálidos besos… haz, en definitiva, que se sienta especial. Por ejemplo, una forma de romper el hielo de manera sencilla es decirle que querrías untarle el cuerpo en nata o darle un masaje erótico, grabarla en vídeo o emplear un disfraz (estudiante sexy, por ejemplo). La conversación no tiene más fin que excitaros, así que céntrate en describir cómo lo harías, permite que su mente juegue con la idea, que se recree, y luego dale la oportunidad de hablar y expresarse: ¿le interesa? ¿cambiaría o añadiría algo? ¿qué haría contigo si le dieras la oportunidad? Esta debe ser la primera conversación de otras muchas, que incluso pueden continuarse con llamadas telefónicas, mails o lo que consideréis mejor.

Por ejemplo, yo nunca le dije a Fali, mi última pareja estable:

– Quiero follar tu culo.

Lo que hice fue hablarle sobre lo que se siente cuando juegan con tu ano, de tal modo que aunque hablaba de lo que yo sentía cuando él me tocaba, Fali era consciente de que él también podía sentir eso mismo. Al final, con varias copas encima, le convencí para hacerle un beso negro: no es intrusivo, resulta muy agradable y excita muchísimo. Por supuesto, me habría encantado metérsela allí mismo, y a la larga ese era mi objetivo, pero sabía que cada cosa debía ir a su ritmo. Cuando acabé, él estaba excitadísimo y me penetró. Había sido una victoria mía: conseguí que relacionara su trasero con el placer sexual.

SATISFACIENDO A TU PAREJA
Si lográis que vuestra pareja disfrute con nuevas actividades centradas en ella, conseguiréis que esté más predispuesta a abrirse a otras experiencias que, esas sí, también os satisfarán a vosotros. Es justo, ¿no os parece? La otra persona disfruta y, a cambio, vosotros también disfrutaréis. Además, no lo veáis como un sacrificio, sino como una experiencia en la que os vais a volver maestros y mentores de vuestra pareja. Pensad solamente cómo se sentirá cuando le descubras un nuevo mundo de sensaciones, la confianza que tendrá en ti y lo segura que se sentirá cuando mantengáis relaciones.

Lo primero es, por lo tanto, que atesores este conocimiento que la puede hacer disfrutar. Busca en páginas web cómo realizarle sexo oral, cómo estimular su punto G, cómo jugar con su clítoris… Recuerda siempre que es muy importante el juego previo: si vas a comérselo, no te lances de cabeza, no hay prisa, simplemente comienza dando besitos a la zona interior de sus muslos, luego humedécete los labios y pásalos por su bulba, como si estuvieras dándole besos cariñosos, para de vez en cuando emplear tu lengua. Tan pronto como empiece a disfrutar el roce de tu lengua, vuelvo a los labios, y ve cambiando hasta que se estremezca y, entonces, le preguntas si quieres que sigas, y cuando te diga que sí: te lanzas con tu lengua a lamerla hasta que estalle en placer (ya os dije que una vez tuve una novia jajajaja).

No hagas estas cosas como una máquina, pon tu corazón: entrégate, gime de placer, acaríciala, no te apresures. Tu entrega provocará su entrega. Luego, cuando hayáis acabado, podéis hablar de la experiencia, diciéndole siempre lo mucho que has disfrutado dándole placer, lo mucho que la deseabas al escuchar sus gemidos, lo mucho que deseas darle placer.

Y a partir de ahí, ya es cosa tuya. Con calma, ve explorando, ve descubriendo y conviértete en el mejor amante que ha tenido. No porque tu pene sea enorme o tu aspecto sea el de un dios griego, sino porque le das un placer y una intensidad que nadie más ha logrado, porque te preocupas por tu placer. Y eso hará que tu pareja también quiera hacerte feliz, conservarte a su lado, darte los placeres que tú también ansías.

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