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Historia 15 El Hermano de Mi Novio

Historia 15 El Hermano de Mi Novio
Llegue a mi casa después de que Pedro me dejo en la esquina. Lo primero que pensé fue en ir a lavarme las manos así que fui al baño. Entre pero una vez ahí algo me detuvo. Lleve mis manos a mi rostro y sentí el olor de las dos vergas que habían sostenido.

Una sensación en la parte baja de mi estómago me inundo. Una de esas vergas sostenidas era de Pedro, el hermano de mi novio.

Algo de calor me recorría, me senté en la taza en la del baño bajando mis pantys, note que estaban mojadas. Yo estaba mojada.

Lleve de nuevo mis manos a mi cara y me toque con ellas sintiendo el olor. No pude evitar que diversas imágenes se presentaran en mi mente. Por un lado veía a mi hermana con esos dos hombres, quien sabe que le estarían haciendo ya en ese momento. Recordaba a mi madre en las cintas mientras le ofrecían estar con dos tipos. Aun tenía la duda de si lo había hecho ya que no terminaba de ver todo el video. Recordaba el pene de Miguel, su color, el de Pedro en mi mano y no podía evitar compararlo con el de mi novio.

Pedro lo tenía derechito y las venas se le marcaban muy claramente. Roberto mi novio lo tenía un poco curvo del glande. El de Miguel era gordo, poco más pequeño que el de Pedro.

A Roberto se la había jalado varias ocasiones ya, en su casa algunas veces, también en el parque donde acostumbrábamos ir. Aunque era respetuoso, cuando fajábamos era de tocarme por todas partes. Varias veces se la había chupado también, casi siempre en su casa, aunque en una ocasión para quienes conocen la ciudad, El parque Agua Azul fue testigo de eso más de una ocasión.

Mis pezones estaban duros, los sentía a través del sostén y la blusa.

Baje una de mis manos hasta mi vagina y la roce con un dedo suavemente, me estremeci al sentirlo. Toque de nuevo y la sensación fue mayor.

Escuche ruidos y me distraje un poco, me limpie, y me lave las manos para salir del baño. Mi madre había llegado con una amiga. Salude y me mandaron a la tienda a traer pan y galletas para el café.

Salí y el viento y la tarde noche me hicieron espabilarme un poco. Regrese. Acomode mis cosas. Mi papa llego y mi hermana también. Cenamos y a dormir.

Esa noche estuve inquieta.

Por la mañana salí a la escuela. Estuve un poco seria con Roberto, hasta que salimos, me acompaño a tomar el camión y me dijo que si me esperaba un poco Pedro vendría por el y me podían llevar a casa.

Acepte. Pedro vendría.

Menos de quince minutos pasaron cuando Pedro llego en el coche, subimos no sin antes decirle Roberto que me llevaran a casa, “No hay problema” dijo Pedro.

No habían pasado dos calles de que nos retiramos de la escuela cuando Pedro dijo
– “Oye Beto, nada más que yo voy rumbo al Salto, para no hacer dos viajes te dejo a ti primero y después a ella?
– Pues si no hay de otra, está bien.
– Como ves? Pregunto Pedro dirigiéndose a mí
– Esta bien, respondí.

Subió un poco el volumen del estéreo y la música se sintió más viva. Avanzamos hasta llegar a su casa. Roberto descendió del coche y me abrió la puerta ya que yo iba en el asiento trasero. Baje con mis cosas y después de un beso subí en la parte delantera del coche. Nos despedimos y Pedro enfilo por la avenida rumbo al oriente.

En la primera calle dio vuelta, creí que iba a tomar alguna otra calle para cortar algo de camino
– Estas muy seria, muy callada
– Seria soy, ya sabes
– Oye lo de ayer con Miguel pues. Guardo silencio
– Si ya se, dije yo. No diré nada
– Si eso está bien. Después de todo Beto es mi hermano y tú su novia.
– Si.
– Entonces no hay problema verdad? Pregunto
– No ninguno. Respondí
La luz roja del semáforo nos detuvo. Note que Pedro miro por los retrovisores y volteo hacia ambos lados del coche. Se volvió hacia mí
– Entonces vamos con Miguel para que nos la mames rico. Desde ayer me quede con ganas y el también.
El muy descarado quería que se las mamara, yo creyendo que pretendía olvidar lo que había pasado o que me pediría una disculpa o algo así y no.

El semáforo cambio al siga y metió la velocidad dirigiéndose hacia el lugar. De pronto mi silencio se rompió.
– A ti primero, y solos
– Sin Miguel entonces?
– Solo a ti. respondí
Acelero un poco y enfilamos por la carretera al centro penitenciario que es la que lleva al Salto. Tomo la desviación y un par de kilómetros doblo a la izquierda, entramos en un camino de terracería. Se detuvo como unos doscientos metros adentro.

No dijo nada. Solo se bajó el pantalón dejando su pene expuesto.

La luz natural dejaba verlo completamente, estaba en estado semierecto, mi mano fue hacia él y sentí como la detuvo con su mano.
– Con la boca, mámamela, no la agarres.
Me incline recogiéndome el cabello
Sentí su olor, el mismo que había llevado la tarde noche anterior en mi mano, saque mi lengua y empecé a acariciar su cabeza, sentí como poco a poco endurecía. Metí su cabeza en mi boca apretándola un poco. Note que lo disfruto y su verga termino de endurecer. Empecé a chupar su cabeza, acariciándola en momentos con la lengua.

Baje por su tronco duro con mi lengua hasta sus huevos, los lamí, sentí como su tronco rozaba mi rostro. Solté sus huevos y seguí con mi lengua subiendo por su tronco, dándole pequeños besitos y mordiditas. Me gustaba su verga.

Llegue de nuevo a su cabeza. Me acomode mejor en el asiento y fui recorriéndola con mis labios perdiéndose en mi boca. Sentí cuando toco mi garganta. Me acomode un poco y me esforcé dejando que se perdiera casi totalmente en mi boca. Mi lengua acariciaba adentro su tronco duro, fuerte, firme. Succione fuerte mientras iba dejando que saliera despacio de mi boca. Legue a su cabeza y mis labios jalaron con fuerza. Me trague la mezcla de su líquido con mi saliva.

Abrí de nuevo y deje que entrara en mi boca sin tocarla. Al llegar al fondo cerré mis labios apretando su tronco y volviendo a salir, me entretuve esta vez en su glande, lo aprisionaba con mis labios mientras mi lengua jugueteaba con él.
– Que rico mamas, sigue despacio, me gusta
Obedecí. Mi lengua comenzó a recorrer su verga, por un lado bajaba y subía por el otro. Su mano busco una de mis bubis. Mi mano desabotono mi blusa dejando que su búsqueda diera resultado.
– Las tienes chiquitas pero están duritas
Logro descubrir una copa de mi sostén y sus dedos encontraron mi pezón erecto, duro. Mi respiración fue profunda al sentir el roce y mi boca de nuevo fue sobre la cabeza de su verga, dejando que mis labios la sintieran.
Abrí mi boca y empecé a acelerar el ritmo subiendo y bajando, al tiempo que mi lengua seguía jugueteando con su verga.
– Por eso el Beto esta tan feliz, si mamas bien rico.
Yo no lo soltaba. Recorría hacia arriba y abajo. De pronto su mano se posó en mi nuca haciendo que me detuviera con ella a dentro de mi boca. Entendí que quería que la metiera lo más que pudiera, así que mis labios fueron dejándola entrar mientras mi garganta buscaba acomodarla para que entrara toda. Sentí ahogarme un poco, unas pequeñas gotas de lágrimas se expulsaron de mis ojos pero al fin note que estaba totalmente en mi boca, sus huevos pegaban en mis labios. Me mantuvo así un instante.
– Se nota que te gusta la verga, dijo al tiempo que se salía de mi boca.
Abrió la puerta del coche y salió quedándose de pie. Su verga se veía brillosa con el rayo del sol reflejándose en la mezcla de mi saliva y lubricante natural que de ella salía.
Entendí que debía pasarme del asiento del copiloto al del conductor, así que lo hice quedando sentada frente a él.
Abrí mi boca al momento en que se acercaba para meterla en mi boca. Entro casi toda en mi boca abierta. Mi lengua la acariciaba por la parte baja de su tronco sin que mi boca se cerrara.
– Saboréala rico hasta que me saques la leche.
Mi boca se cerró y me moví hacia atrás dejando que saliera un poco más de la mitad para regresar y que se perdiera en mis labios. El movimiento de cabeza era suave, le dejaba sentir mis labios, la parte interna de mi boca, mi lengua y mis mejillas mismas que, en ocasiones se levantaban al encontrarse su cabeza contra ellas.

Bebía mi saliva y sus jugos. Note que su cuerpo comenzaba a tensarse un poco así que acelere el movimiento.
– Así dale, chúpala rico, sácame todo.
Sus piernas se colocaron más firmemente en el suelo. Sus manos tomaron mi cabeza por la parte de atrás. Empezó el ahora a moverse más rápido, entrando y saliendo de mi boca, acelero más, cada embestida buscaba ser más profunda así que apreté un poco mi garganta para no ahogarme.
– Si, si, mmm, ahí te van todos, trágatelos.
Apenas si lo alcanzo a decir cuando sentí la explosión del líquido caliente en mi boca, la fuerza de sus chorros estrellándose en mis mejillas, en mi lengua, en el fondo de mi garganta. Escuche sus gemidos, note su cuerpo tensarse. Su verga seguida entrando y saliendo de mi boca y expulsando leche.

De pronto se detuvo y todo él se relajó. Sentí como su dureza se perdía en mi boca. Se salió. Yo termine de tragarme todo, chupe mis labios. Sentí lo pegajoso que estaban. Él se agarró la verga y la apretó un poco, unas pequeñas gotitas de semen aparecieron en la punta de su cabeza y la acerco a mí. Saque mi lengua y las recogí con ella, me las comí también.
– Mamas muy rico
– Te gusto? Pregunte
– Si, dijo mientras se acomodaba la ropa.
Pase al asiento del copiloto de nuevo. Él se colocó en su lugar y cerró los ojos un instante. Se veía satisfecho.
Encendió el coche y salimos del camino de terracería. Doblo a la derecha en sentido de regreso a la ciudad.
– Que no ibas al salto? Pregunte
– No. Vamos con Miguel, quiero verte mamándosela y después que te tragues las dos juntas.

Solo mire hacia la carretera.

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