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La amiga de mi sobrina

Big Dicks

La amiga de mi sobrina
La amiga de mi sobrina

En esta vida he tenido bastante suerte, he de decir que no puedo quejarme. Mi nombre es Sergio, y tengo un pequeño chalet, a las afueras, con algo de terreno y una piscina, que me salió muy barato debido a que el dueño tuvo que reunir una gran cantidad de dinero para “desaparecer”. Nunca quise preguntar por qué.

Con respecto al trabajo, no me puedo quejar, trabajo en el mantenimiento de una gran oficina, la cual trabaja de lunes a viernes a mediodía, lo que me deja todos los fines de semana libres y el sueldo es bastante bueno, ya que llevo el mantenimiento eléctrico, informático y del aire acondicionado.

Por mi físico, siempre me ha gustado cuidarme. Mido 1.77 y estoy en buena forma. Todo ello ha hecho que mi vida sea bastante llevadera.

Mis hermanos tampoco pueden quejarse, más o menos viven holgadamente, aunque ninguno estamos casados, mi hermana lo estuvo brevemente y de esa relación vino mi sobrina.

Al ser la única sobrina, siempre ha estado mimada, por parte de toda mi familia, sin llegar al punto de que no sepa hacer nada, pues en los estudios es bastante buena y se esfuerza.

Cuando mi sobrina tenía 12 años, la amiga del colegio, Sofía, iba con ella a todas partes. Tenía el pelo rizado y de un castaño tan claro que era casi rubio, los ojos de un color verde intenso y tenía pecas por los pómulos y el puente de la nariz.

Hija de padres separados también, a veces se quedaban en casa de mi hermana y a veces en casa de la madre de ella. Muchas de las veces, se quedaba en casa de mi madre, donde yo estaba la mayor parte del tiempo, ya que aunque tenía mi casa, mis padres estaban solos y yo les hacía compañía, total, no tenía otras obligaciones.

Cuando estaba en casa de mis padres y venía mi sobrina, era casi una fiesta. Debido a que mis padres son mayores, pues yo soy el más pequeño de los hermanos, no podían jugar mucho con la niña pero, al estar yo, era todo el día juegos, ya fuesen juegos tontos de “a ver quién coge mi dedo” como juegos de ordenador.

La amiga de mi sobrina, al principio no me tenía mucha confianza, pues la madre no había estado con ningún otro hombre desde que se separó, había estado con mujeres, creo que ese fue el motivo de su separación, aunque no es esa la historia. El caso es que para ella, un hombre adulto era algo desconocido.

Cuando ya me fue cogiendo más confianza, los juegos comenzaban a ser más divertidos, nos reíamos continuamente.

Cuando tenían catorce años, más o menos, la amiga de mi sobrina dejó de venir por casa de mis padres. Según me contaba mi sobrina, había comenzado a salir con chicos, cosa normal a los 14 años y aunque ella también tonteaba un poco, no tenía novio formal.

El tiempo fue transcurriendo y para la fiesta del 18 cumpleaños de mi sobrina, como era en pleno verano, decidí celebrarla en la piscina. Ella se puso muy contenta y más cuando le dije que podía invitar a sus amigos y que no habría padres porque yo me quedaría vigilando.

Estuvimos preparando la fiesta bastante tiempo, pusimos un sistema de sonido para tener música, compramos algo de bebida, pero sin pasarnos, tampoco es que quisiera que aquello se convirtiera en un botellón.

El día de la fiesta, desde muy temprano mi sobrina estaba en casa. Estábamos dando los últimos preparativos. Debido al terrible calor que hacía, yo desde el principio estuve solo con el bañador puesto. Era tipo bermuda y tapaba todo lo que tenía que tapar.

Cerca de las 12 de la mañana, empezaron a llegar invitados, pusimos la música y la piscina se fue llenando.

Era ya la 1.30 cuando mi sobrina dijo de empezar a poner la barbacoa, para comenzar con la comida. Yo me fui a encender la barbacoa y mientras se calentaba, fui a abrir la puerta, sería el invitado rezagado.

Al abrir la puerta, me quedé parado. Ante mi estaba Sofía, la amiga de Mi sobrina. Pude reconocerla por los ojos y las pecas, porque en lo demás había cambiado sobremanera. Tenía ahora dieciocho años, cumplidos un par de meses antes, como luego supe. Se había desarrollado bien, tenía un pecho impresionante, ni muy grande ni muy pequeño, sus tetas redondas y se intuían duritas. Era alta, casi tanto como yo y las piernas tan largas le hacían tener un culo redondito, como un melocotón.

– ¿Sergio?- me llamó, sacándome de mi ensueño- ¿puedo pasar?

– Claro que sí, Sofía- le dije dejándola paso.

Venía con un chico, que supuse sería su novio. Era un chico de lo más corriente, más bien enclenque, que supuse que sería el novio con el que comenzó a salir antes de dar “el estirón”.

– Este es Iván, mi novio- dijo mientras pasaba- Ten cuidad Iván, no resbales con las babas- me dijo mirándome a los ojos.

Comenzamos a reírnos.

Venía vestida con un pareo y una camiseta únicamente y fue directa a la piscina. Por el camino fue quitándose el pareo, dejando un cuerpo espectacular y un culito mejor de como lo había imaginado, pero lo peor es cuando se metió en la piscina, pues los pechos se les veía bien puestos, y el bikini que llevaba era minúsculo.

No pe podía creer lo que había cambiado esa chiquilla, se había convertido en toda una mujercita. A mi sobrina la seguía viendo como la niña pequeña de paletas grandes que correteaba por la casa y al ver a su amiga, que era toda una mujer, me di cuenta de que ya no eran tan niñas.

Me fui a la barbacoa y traté de concentrarme, pero cada vez que miraba a la piscina, encontraba a la Sofía mirándome. Me puse muy nervioso y hasta tuve una pequeña erección cuando, una de las veces que me miró, se pasó la lengua por los labios de manera muy sensual.

Poco a poco me fui olvidando del incidente, los chicos y las chicas reían y jugaban, todos se divertían y yo en un par de ocasiones había perdido de vista a Sofía, aunque luego la volvía a ver, saliendo de alguna parte del terreno, charlando con algún amigo.

Poco a poco la tarde fue cayendo y algunos amigos fueron despidiéndose. Quedábamos ya pocos. Mi sobrina me dijo que se quedaría a dormir, que había bebido más de lo que solía y que no quería llegar a casa así. Me preguntó si no le importaba y le dije que no, que tenía habitaciones de sobra. Me dijo que con una habría bastante, que ella y Sofía podían dormir juntas, que lo hacían muchas veces desde que eran pequeñas.

– ¿Sofía también se va a quedar?

– Si, no quiere dejarme sola, le ha dicho a Iván que se vaya. ¿Mañana podrías acercarla a su casa?

– Claro… claro… no hay problema.

Off, tenía esa belleza en casa y ahora se quedaría toda la noche. Menuda tentación… pero la seguía viendo como una niña.

Eran casi las 10 de la noche, apenas si quedaban un par de chicas y cuatro o cinco chicos más, aparte de mi sobrina y Sofía. No es que estuviesen borrachos, pero alguno había probado más alcohol del que podía soportar.

Cuando dieron las 12, sólo estábamos mi sobrina, Sofía y yo junto a la piscina. Mi sobrina estaba dormida.

– Ya se ha quedado dormida- dije mirándola

– Si, aguanta poco- me contestó Sofía- ¿Y tú cuanto aguantas?

– Ya no suelo beber tanto, pero he hecho mis prácticas cuando era más joven.

– ¿Más joven? ¿Qué edad tienes?

– Tengo 36, casi podría ser tu padre

– ¿Habrías sido padre a los 14? ¿Ya te acostabas con chicas a esa edad?

– Eso es un tema delicado- le dije- tu eres una niña y…

– De niña nada- dijo tranquilamente- cumplí los 18 en mayo y dejé de ser virgen a los 14.

– Vaya, una niña prodigio.

– No tan niña, según dicen.

Se levantó, se quitó la toalla que la cubría, el bikini parecía que iba a estallar en cualquier momento. Se fue hacia la piscina, y se metió dentro.

– Ven, Sergio, esta calentita

– No sé, es de noche…

– ¡Venga!- dijo tirándome agua- ¡No seas gallina!

Me fui hacia la piscina y me metí sin pensarlo.

Estaba calentita, el día había sido caluroso y la piscina había tomado una buena temperatura esa noche.

Comenzamos a chapotear en la piscina, estuvimos jugando un buen rato. Ella se rozaba conmigo, notaba sus duras tetas en la espalda y de vez en cuando, sin querer, rozaba partes de su cuerpo, que diría que estaba caliente.

– Voy a salir ya- le dije- voy a acostar a mi sobrina, que ahí se va a lastimar.

– Ohhhh, ya me has estropeado la noche- me dijo con cara de pena- yo que quería pasármelo bien…

– ¿No te lo has pasado bien?

– Mejor de lo que esperaba, pero quiero que sea legendario.

Yo estaba terminando de secarme con la toalla, antes de llevar a mi sobrina a su cama, para no mojarla.

– Voy a darme una ducha antes de acostarme ¿puedo?

– Claro, ya sabes donde está el baño.

Sofía se fue para la ducha, yo estuve un rato más secándome, cuando terminé, cogí a mi sobrina en brazos y la llevé a su habitación. La metí en la cama, sólo con el bikini, la tapé y salí de la habitación, cerrando la puerta sin hacer ruido.

Al salir, me quedé helado, delante de mi estaba Sofía, totalmente desnuda, sin nada de ropa y mojada de la ducha que acababa de darse.

– ¿Dónde están las toallas?- preguntó con toda naturalidad

– Están… están… en….- me costaba hasta pensar, cerré los ojos pero sólo podía ver su cuerpo grabado en mis retinas.

– Ven- dijo tirándome del brazo- acompáñame y me lo dices, porque si sigues así me voy a secar con el viento.

Me llevó hasta el cuarto de baño. Yo iba como un autómata, ahora podía ver su culo, tan redondo, un melocotón de lo más apetecible, con la piel tan brillante. El movimiento de sus piernas hacía que su culo se contonease, lo que hacía que fuera más apetitoso a la vista.

Llegamos al baño.

– ¿Donde?- dijo señalando toda la sala

– A… a… aquí- pude decir, señalando el armario que estaba junto a la puerta.

– Gracias, ahora me voy a secar, puedes quedarte si quieres.

Salí de allí, tenía una erección de primer premio. Era tan natural… no podía creer que esa mujer, con todas las letras, fuese la niña traviesa que iba con mi sobrina.

Se me había quitado el sueño. Me fui al salón a ver la televisión, Sofía paso junto a mí, camino de la terraza, con su pareo y su bikini. Tenía puesta la camiseta que llevaba al llegar, menos mal.

Cuando salió de la terraza, vi que había colgado el pareo y el bikini para que se secaran y luego me fijé que no llevaba la parte de abajo, estaba desnuda por debajo del ombligo, ya que la camiseta era algo más que un top.

– ¿Puedo sentarme contigo?

– Claro- le dije- hay sofá para todos.

Se sentó junto a mí y puso su cabeza sobre mis hombros.

Yo intenté mirar hacia la tele, pero era imposible no mirar hacia esas piernas y a la entrepierna, también hay que decirlo.

Poco a poco saqué fuerzas de voluntad de donde no las tenía y me puse a ver la tele. Pero entonces noté como una mano me acariciaba la pierna. Miré hacia la mano, cada vez estaba más cerca de mi entrepierna y mi miembro comenzaba a hacerse notar.

A pesar de todo, era una sensación muy buena, así que me dejé hacer un poco, hasta que la mano subió su recorrido y me comenzó a acariciar la polla, que ya estaba notoriamente dura.

Me levanté de un salto y le dije que yo iba a ducharme también y me fui a la ducha.

Me quité el bañador y me metí debajo del agua, estaba ligeramente fría, lo suficiente para intentar relajarme. Dejé que el agua me recorriera por el cuerpo, desde mi cabeza, pero no parecía hacer el efecto que dicen, a mí no.

– Ahora estas atrapado en la ducha- escuché de repente- ya no puedes huir más.

Abrí los ojos y vi que al otro lado del cristal de la ducha estaba Sofía, completamente desnuda, me miraba con ojos llenos de deseo. Yo no sabía qué hacer, pero parece ser que ella sí, porque abrió la puerta de la ducha y se metió dentro.

El agua comenzó a mojarla y su piel comenzó a llenarse de gotitas, que la hacían más apetecible. El agua caía por sus pechos, por su cara, por su entrepierna… yo tuve una erección inmediata, mi polla la saludó desde abajo. Ella miró hacia abajo y volvió a lamerse los labios, como la había visto hacer en la piscina.

– Llevaba mucho tiempo esperando esto- dijo cogiéndome la polla.

Se acercó más, hasta que estuvimos casi pegados. Sus labios buscaron los míos y éstos le correspondieron.

El beso fue apasionado, mis manos fueron hacia sus tetas, acaricié las dos y juguetee un poco con los pezones. Entonces noté como ella se ponía de puntillas y como con su mano dirigía mi polla hasta la humedad de su coño. Noté como se dejó caer, introduciéndose mi polla y como levantaba una de sus piernas, para facilitar la penetración.

Yo solté sus pechos, mis manos bajaron por sus caderas y su cintura y llegaron a su culo. Era un culo suave, durito. Puse una de mis manos en su culo y con la otra sujetaba la pierna que ella había levantado.

La postura era un poco forzada, pero la penetración era profunda, sentía como su humedad contrastaba con el agua fresca que nos mojaba a los dos.

Sofía separó nuestros labios.

– Me gusta, esta durita

– Tú la has puesto así desde que llegaste.

– Me alegro que sea yo quien disfrute de esta erección- me dijo y volvió a besarme.

El ritmo de las penetraciones cada vez era más rápido, ella estaba a punto de correrse.

– ¡Me voy a correr! ¡Puedes correrte dentro si quieres, tomo la píldora!- me dijo

Yo quería correrme, estaba a punto, pero si tenía que aprovechar la oportunidad, no me gustaría dejar de probar su boquita.

– Prefiero correrme en tu boca- le susurré

– Mmmmm perfecto… así hoy habré probado la leche de todos los machos que estaban en la fiesta.

Yo me quedé sorprendido, ella lo notó y me miró divertida, pero su cara cambió de pronto, su orgasmo se acercaba.

Ella subía y bajaba rápidamente, yo la ayudaba sujetándole el culo. De repente estalló, se corrió dando un profundo gemido. Yo aproveché para buscar una mejor ubicación y empujar con todo lo que podía, para llegar a lo más hondo, ella dio un pequeño grito de sorpresa y volvió a soltar ese ronquido.

– ¡Me he corrido dos veces seguidas, no me lo creo! ¡Es la primera vez que me pasa! Te has ganado el acabar en mi boca.

Se retiró y se agachó, yo corté el agua que caía y ella se metió mi polla en la boca. Estaba en cuclillas, no podía ver su coñito, pero me lo imaginaba brillando por los jugos que tenía.

Notaba como succionaba mi polla, como queriendo sacar el interior. Tenía experiencia en las mamadas, se notaba, jugaba con mis pelotas y chupaba todo el tronco de mi polla antes de metérselo entero en la boca.

– Lo haces genial, voy a correrme ya- ella se sacó la polla de la boca

– Córrete en mi boquita

Yo seguía en la gloria, estaba a punto de correrme, le aguanté la cabeza, sin hacer mucha presión y comencé a soltar el semen en su boca.

Ella dejó de moverse, pero seguía succionando, eso hizo que me vaciara completamente. No se cuánto semen habría y tampoco pude averiguarlo, porque Sofía se tragó todo lo que salió de mi polla.

– Esta muy bueno- me dijo sonriente.

Yo abrí otra vez la ducha, el agua comenzó a cubrirnos.

– ¿Mas que las de tus amigos?- pregunté, esperando a ver si me aclaraba lo que me dijo anteriormente.

– Esos no saben hacer sexo, se corren casi en seguida cuando les haces una mamada.

– Y a ti te gusta que se corran en tu coño ¿no?

– Me encanta, pero a pocos les dejo que me lo hagan sin condón. A saber con qué guarras se lo montan.

Yo sonreí, se la veía muy despierta en esto del sexo.

– Ya tienes algo de experiencia, se nota.

– A las dos semanas de empezar a salir con Iván, ya le estaba chupando la polla.

– Vaya, que adelantados los niños de hoy.

Nos terminamos de duchar, yo saqué dos toallas y le di una a Sofía. Ella se fue para el cuarto donde dormía ella y yo me fui al mío. Me acosté completamente desnudo, no solía hacerlo, pero esa noche quería dormir sin ningún tipo de estorbos.

Oí algunos cuchicheos en la habitación donde dormían las chicas, no pude oír nada, pero esperaba que Sofía no le estuviese contando lo que acabábamos de hacer.

Me estaba quedando dormido, cuando noté algo que me desveló. Era Sofía, que estaba en la puerta del cuarto. Estaba a contraluz, pero se podía apreciar su silueta, estaba completamente desnuda, otra vez.

– ¿Estas dormido?- preguntó

– No ¿por qué? ¿Pasa algo?

Ella vino hacia mi cama y se metió en ella.

– No pasa nada, es solo que tu sobrina me ha dejado caliente y ahora no puedo dormir, vengo a ver si tú me puedes ayudar

– ¿Que ha pasado?

– Pues nada, que iba a darle el “otro regalo” que tenía para ella, pero como ha bebido tanto, se ha corrido y no me ha esperado y ahora estoy muy caliente.

– Mi sobrina es…

– ¿Lesbiana? ¡No!, lo que pasa es que a las dos nos gusta tontear de vez en cuando, lo hacemos desde pequeña. Cuando me eché novio se enfadó un poco, pero cuando ya ella perdió la virginidad lo entendió.

– ¿Ustedes dos habéis…?

– No seas tan antiguo- Sofía agarró mi polla y empezó a hacerme una paja- estábamos jugando, una vez sin querer nos tocamos, se sentía bien y poco a poco nos fuimos descubriendo. Nos hacíamos pajas una a la otra. Desde que volvimos a hablarnos no lo hemos hecho y hoy quería darle una sorpresa, pero me ha dejado a medias.

Su mano subía y bajaba por mi polla, que se lo estaba agradeciendo poniéndose en pie de guerra. Ella continuaba con su maniobra.

– Parece que si voy a poder dormir en condiciones esta noche- me dijo mientras se metía bajo las sábanas.

Noté la humedad de su boca sobre mi polla, primero saboreando el capullo, luego en todo el tronco. Sabía lo que se hacía.

Retiré la sábana, para poder tener un primer plano de lo que hacía y vi como su cabeza subía y bajaba, haciendo que mi polla desapareciera y volviera a aparecer. Su ritmo hacía que llegara al borde de la excitación, pero sin pasarse.

Gracias al polvo que habíamos pegado en la ducha, me costó un poco el tener una erección completa, pero lo mejor vendría después, cuando tardase tanto en correrme.

Sofía seguía metiendo y sacando la polla de la boca, a veces la sacaba completamente y le pasaba la lengua por el capullo o lamía mis huevos. Yo alargué la mano y toqué su culo. Poco a poco fui tirando de el hasta que lo puse sobre mi cara.

Saqué mi lengua y comencé a pasarla por toda la rajita, arriba y abajo. Jugaba con su clítoris, metía mi lengua en su caliente boquetito, que sabía cómo a miel. La punta de mi lengua follaba su coñito y de vez en cuando pasaba a su culo.

– Mmmmmmffffff- eran los ruidos que hacía ella con mi polla en su boca.

Yo seguía chupando y lamiendo y comencé a jugar con los dedos, metía un par de dedos en su coñito, entraban bien, se notaba que estaba excitada y que hacía poco que habíamos tenido otro encuentro. Con otro de mis dedos comencé a jugar con su pequeño ano, era un botoncito rosadito y suave. Se notaba apretadito.

Me chupé los dedos que había tenido en el coño y comencé a chupar su culo, con la punta de la lengua intentaba perforar su agujerito y noté como si se relajara un poco más.

Los movimientos de Sofía eran cada vez más rápidos, supuse que estaba al borde del orgasmo, así que me dediqué a su coñito otra vez. Ella lo agradeció gimiendo más fuerte, cada vez más, hasta que comenzó a retorcerse, sacándose la polla de su boca.

– Siiiiiiiii- dijo mientras se tensaba- que gustooooooooooo

– ¿Ya te has corrido?- me burlé

– Uffff y de qué manera.

– Pues yo nada de nada

– Eso lo arreglamos ahora- dijo levantándose y echándose hacia delante sin separar mucho las rodillas de la cama, se sentó en mi polla.

Se puso encima, sin metérsela, a todo lo largo de su coñito.

– Como me gusta esta polla, ya sabía yo que me haría gozar.

– Eso es porque eres guapísima y le gustas mucho.

– Déjate de ñoñerías, es porque estoy buena y te doy morbo.

– Si, es por eso- nos reímos.

– Quería probarla desde pequeña, me gustabas mucho- decía mientras se refregaba por mi polla.

– ¿En serio?- pregunté, incrédulo

– Si, me gustabas, tenía curiosidad de lo que sería estar con un hombre, la tengo desde que vi a mi madre haciéndolo con uno de los novios de turno.

– Off, me has puesto a tope.

– Ya lo he notado, aunque ahora voy a notarlo más.

Se levantó un poco y puso mi polla en la entrada de su coño, comenzó a bajar poco a poco. Yo notaba como su coñito se iba abriendo.

Cuando entró toda, soltó un suspiro. Se quedó quieta un momento y luego comenzó a moverse lentamente hacia arriba, hasta casi sacarse la polla de su coñito y volvía a bajar.

– Como me gusta, es la más grande que me ha follado.

– No es tan grande, pero hay que saber manejarla

Ella continuaba botando sobre mi polla, de repente se levantó, se giró y volvió a sentarse sobre mi polla

– Ahora mejor, que ya puedo verte

Se inclinó y me besó, con sus caderas hacía movimientos para que mi polla entrara y saliera.

Yo todavía no tenía ganas de correrme, pero ella estaba al borde de otro orgasmo, comenzó a moverse otra vez sin control, hasta que dio un profundo gemido y el tensionado de todo el cuerpo. Cayó sobre mi pecho.

– Ha estado genial- me dijo- normalmente necesito una semana para conseguir la cantidad de orgasmos que llevo contigo

– ¿Ya te has cansado?- me burlé

– Tranquilo, que tengo fuerzas hasta que te corras ¿Quieres hacer anal?

Me sorprendí, era una práctica que me gustaba, pero pocas veces podía hacerlo con las novias de turno.

– ¿Anal?

– Si, ya sabes, meter tu cosita en mi culo…- se burló ahora ella

– Se lo que es el anal ¿lo has hecho alguna vez?

– Claro, fue el primer sexo que tuve, tenía miedo a quedarme embarazada y no teníamos condones.

– Pues claro que quiero.

Se puso a cuatro patas sobre la cama, me miró.

– Todo tuyo, prepáralo bien, que hace tiempo que no lo hago y la tuya es más grande que las que han entrado por ahí.

Me puse detrás de ella y con mi lengua comencé a chupar su culito. Nuevamente se abría y cerraba en función de mis lamidas, aunque cuando le metía la lengua, se dilataba un poco. Con los dedos acariciaba alrededor, luego los metía en el coño, para extraer algo de su flujo y lo pasaba a su culo.

Pasé mis dedos por su culito, ya no se cerraba y mis dedos podían entrar un poquito.

Me puse más cerca, acerqué mi polla a su coño y comencé a metérsela. Estaba suave y calentita, sus jugos me llenaron completamente.

Seguía jugando con mis dedos, metiéndolos y sacándolos suavemente. Ya podía introducir dos dedos fácilmente.

Saqué mi polla del coño y la apunté a su agujero trasero. Puse mi capullo en la entrada y comencé a empujar. Mi polla estaba al límite de dureza, ya no aguantaba más.

El capullo entró, Sofía dio un pequeño quejidito. Yo seguí haciendo presión y mi polla entraba suavemente. Al poco ya estaba completamente dentro.

– Ya está dentro- dije

– Lo noto, estoy llenísima, se siente de lujo

Esperé un poco a que se acostumbrara, lo que no fue mucho tiempo y comencé a meter y sacar suavemente la polla. Notaba la estrechez de ese agujerito, notaba como me apretaba el interior, pero sobre todo como me apretaba su ano en cada movimiento.

– Uffff- resopló- cuesta acostumbrarse

– Si quieres la saco- le dije

– Ni hablar, ahora que está dentro, quiero que te corras.

Seguí moviéndome un poco, la estrechez se notaba igual, pero Sofía había dejado de quejarse para comenzar a soltar suspiros de placer. Le estaba gustando.

Yo seguía con mis movimientos, entrando y saliendo, ya casi notaba que me estaba llegando el orgasmo.

Sofía se echó hacia delante, haciendo que mi polla se saliese de su culo. Al salir ella dio un respingo, como cuando entró el capullo. Se dio la vuelta y me besó

– Ponte bocarriba

Me puse, mi polla apuntaba al techo, ella se puso de espaldas a mí y comenzó a bajar. Apuntó la polla a su culo y comenzó a bajar, entró hasta la base. Mis huevos chocaron con ella.

Comenzó a subir y bajar casi inmediatamente, mientras una de sus manos se acariciaba el coño. Estuvo subiendo y bajando un rato y luego se inclinó hacia atrás, tumbándose sobre mi pecho. Colocó las piernas de otra forma y comenzó a hacer movimientos de adelante hacia atrás. Mi polla entraba y salía de ese agujerito cada vez más suave, aunque seguía apretadito.

Su mano jugueteaba cada vez más rápido con su coño, hasta que comenzó a gemir.

– Ah… ah… aaaaahhhh… me corroooooooo

– Yo me voy a correr tambieeeeeeeeeeen

Me corrí dentro de su culo, nos corrimos a la vez. Yo parecía que estaba meando dentro de su culo, la cantidad de esperma que echaba no era normal después de haber tenido el sexo en el baño.

Ella se quedó tumbada sobre mí, mi polla se fue haciendo más pequeña, hasta que ella se movió un poco y se salió del todo. Ella se giró y se puso sobe mi pecho.

– Ha sido genial, sabes hacerlo muy bien.

– Contigo no hay manera de hacerlo mal- la piropeé.

– Off, estoy llenísima y supercansada, ha sido genial.

– ¿Ya te has quedado contenta hoy? Pues menos mal, porque si hubieras querido otro, me tendría que haber tomado como seis o siete viagras.

– Pues si estoy contenta, porque después de habérsela mamado a todos los amigos por entre tu jardín, estaba supercaliente. Si no llegas a follarme, hubiera salido en llamas.

La niña era una maravilla, el sexo lo veía como algo natural.

Me besó en los labios, notaba pasión. Se levantó con cuidado, se tapaba el culo para no manchar nada con mi semen.

Voy a limpiarme y a acostarme en la otra cama, si no, como se levante y me vea aquí me la gano buena.

Se fue al baño, la oí trastear y cuando salió, me quedé dormido.

Al día siguiente, fue como si nada, mi sobrina estaba contenta, me dio las gracias por la fiesta, se disculpó por no quedarse a recoger y se fue con Sofía hacia la puerta, mi hermana la estaba esperando para irse a casa.

Yo me quedé en la casa, solo. Después de lo que había pasado anoche, no tenía fuerzas para empezar a recoger, pero sabía que si no lo hacía, se quedaría todo hecho un asco.

Me puse a recoger y terminé antes de lo que pensaba, apenas era la hora de comer. Pedí una pizza por teléfono y me tumbé un rato en el sofá. Al poco, sonó el timbre de la puerta. Supuse que era el repartidor, fui a abrir.

Cuando abrí la puerta, me quedé sorprendido, ante mi estaba Sofía. Esa belleza de pelo claro estaba ante mí con un pequeño short vaquero, muy cortito, que apenas le llegaba a mitad de su culo y un top de color rosa, que mostraba unas tetas sin sujetador. A su espalda, una pequeña mochila, algo infantil.

– ¡Hola Sergio!- me dijo- ¡He venido a pasar el fin de semana!

– ¿Cómo?- pregunté, perplejo.

– Pues eso, le he dicho a mi madre que me voy con unos amigos de excursión, pero me voy a quedar aquí todo el fin de semana.

– Yo…- no pude continuar, el repartidor acababa de llegar.

Sofía se escabulló dentro de la casa, yo pagué al repartidor y recogí la pizza y me volví a casa.

Cuando entré me encontré con otra gran sorpresa, junto a la mesa de la cocina estaba Sofía, otra vez completamente desnuda y hay que decir que estaba más guapa que por la noche.

– ¿Qué haces?

– Pues adelantando trabajo ¿no creerías que venía a limpiar, no?

– Yo…

– Y mira- dijo sacando una caja de su mochila- le he cogido unas viagras al novio de mi madre, así no tendrás la excusa de que no puedes, podrás durarme todo el fin de semana.

– ¿Estas segura de lo que vas a hacer?

– Por supuesto, he encontrado una mina de oro y no quiero desperdiciarla, ahora llévame a la cama.

Me abalancé hacia ella y la besé, esa niña me iba a exprimir, todo un fin de semana para ella sola, y quien sabe que más.

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