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Pasa de todo en esa cabaña del bosque

Pasa de todo en esa cabaña del bosque
Mi adorado esposo me propuso pasar un fin de semana en una especie de cabaña en las afueras de la ciudad. Sería para compartir el espacio con dos de sus amigos y sus esposas. Acepté entusiasmada; no me vendría mal alterar la rutina de los sábados y alejarme un poco de la ciudad.
Llegamos a media tarde al lugar y cada pareja escogió su habitación.
La nuestra tenía un ventanal frente a un lago, con un hermoso paisaje.
Acomodé nuestra ropa y me vestí de manera más cómoda; con unos pequeños shorts de jean bien ajustados, que dejaban a la vista el inicio de mis redondas nalgas…
A las esposas de los amigos de Víctor no pareció gustarles demasiado mi apariencia; pero sus maridos me desnudaron con la mirada…
Nos sentamos en la mesa para tomar un aperitivo y brindar por la salida.
Después del almuerzo, uno de los hombres me preguntó si quería acompañarlo a dar una vuelta por el lago. Víctor estaba en ese momento conversando muy entretenido con los otros amigos. La esposa de Alberto, que así se llamaba mi nuevo admirador, estaba sentada abstraída mirando televisión.
Me imaginé que ninguno de ellos advertiría nuestra ausencia y por ello acepté la invitación. Rodeamos el lago hasta llegar a una choza oscura y abandonada. Entramos y lo primero que me dijo Alberto, era que mi culo lo volvía loco…
Intenté rechazar su avance; pero él me estrechó entre sus brazos, dándome un intenso beso de lengua. Mientras nos besábamos, sus manos me desabrocharon el short de jean y lo deslizaron por mis muslos. Yo no llevaba tanga, así que enseguida sentí sus manos acariciando mi cola.
Alberto rompió el contacto de nuestros labios y abrió la bragueta de sus pantalones. Una enorme verga erecta saltó a mi encuentro. Apoyó sus manos sobre mis hombros y muy suavemente me hizo agacharme hasta llegar al suelo. Su verga quedó a la altura de mis labios.
Yo no me resistí más. Abrí mis labios y empecé a chupar suavemente su pija, la cual terminó de crecer dentro de mi boca.
De repente Alberto me tomó por los cabellos y me obligó a tragármela entera, manejando él mismo el ritmo de la mamada…
Luego sin soltar mis cabellos, me hizo incorporar y doblar por la cintura de espaldas a él. Se agachó y comenzó a pasar su lengua por mi concha y mi entrada trasera; haciéndome delirar en gemidos y jadeos.
Después se paró detrás de mí y me aferró por las caderas, mientras deslizaba su dura pija dentro de mi hambrienta concha. Mientras me cogía, sacó de su bolsillo un consolador de hule y me preguntó si podía metérmelo por atrás. Le dije que lo hiciera, mientras deliraba en una calentura total.
Poco a poco fue deslizando esa verga plástica hasta el fondo de mi orto.
Me hizo recostar en el suelo y él se tendió sobre mí. Sentía su verga y el consolador empalados a fondo en mis dos orificios…
Le pedí que sacara esa cosa de mi culo y me diera por atrás con su verga.
Se incorporó preguntando si yo quería que me rompiera el culo; por toda respuesta me puse a cuatro patas y le pregunté si le gustaba lo que veía.
Ni siquiera me contestó. Comenzó a deslizar su verga erecta por mi raja, disfrutando del temblor de mi cuerpo provocado por tanta calentura. Le pedí que me cogiera, que me rompiera el culo de una buena vez, ya no quería seguir con tanto juego…
Me la metió de un solo golpe; empujando hasta el fondo, haciéndome aullar de dolor… Enseguida empezó a saltar sobre mis caderas con tanto ímpetu, que yo apenas podía hablar y pedirle más y más todavía.
Estábamos en esa tremenda cogida anal cuando de pronto llegó Carlos, otro de los amigos de mi esposo. Se quedó a la entrada de la choza; disfrutando del espectáculo que le estábamos ofreciendo.
Alberto me seguía dando por el culo sin misericordia. Le comentó a Carlos que mi orto era increíble y que no podía parar de cogérmelo. Yo entonces le supliqué que no se detuviera, que me lo rompiera sin escuchar mis gritos.
Realmente me estaba haciendo gozar mucho dándome por el culo,;me lo estaba abriendo más de la cuenta y yo no podía dejar de aullar y gritar…
Levanté la vista para mirar a Carlos y vi que se estaba pajeando…
De pronto le pidió a Alberto si podía compartirme.
Alberto sonrió, diciendo que él no era egoísta. Sin sacarme su verga del culo me levantó en vilo y se sentó en el suelo; me llevó hacia su pecho, dejándome expuesta para que Carlos pudiera darme por la concha.
Enseguida pude sentir esa segunda verga en mi cuerpo, haciéndome gozar como loca con la doble penetración…
Ambos me decían que era una puta; me preguntaban si Víctor la tenía así tan grande como ellos; si estaba gozando con la doble cogida que me estaban dando.
Yo gritaba a todo que sí, que me encantaba todo lo que me hacían; que me estaban destrozando por los dos lados; que no se detuvieran hasta hacerme acabar como a una perra…
Mientras les suplicaba más; ambas vergas explotaron simultáneamente en mi concha y mi culo mientras los dos hombres me gritaban toda clase de obscenidades; tiraban de mis cabellos y me azotaban las nalgas.
Al sentir ambas descargas de semen hirviendo en mis dos cavidades, yo también experimenté un intenso orgasmo, sintiendo mi cuerpo temblar sin control. Acabé como una perra, gritando a todo pulmón…
Quedamos exhaustos y yo me quité de encima a Carlos, que me había llenado la concha de leche. Quise salirme de Alberto, pero él quería sentir todavía un poco más su verga apretada dentro de mi ano y me obligó a quedarme empalada y quieta sobre su cuerpo, mientras me acariciaba suavemente las tetas; provocándome una buena erección de mis pezones.
Cuando finalmente me soltó, me vestí a las apuradas y regresé sola a la cabaña, mientras sentía todo ese semen deslizándose entre mis muslos.
Víctor ya se había acostado y no se despertó cuando me deslicé desnuda en la cama junto a él…
A la mañana siguiente me desperté tarde y descubrí que estaba sola en la cama. Al salir del baño luego de darme una ducha refrescante; apareció Alberto en la puerta de la habitación.
Me dijo que Víctor había salido temprano a rodear el lago y posiblemente a esa hora estaría cogiéndose a Martha, la infiel esposa de Carlos; quien tampoco estaba a la vista.
Carlos apareció detrás de él y entre ambos me pidieron si podíamos continuar lo que habíamos iniciado la noche anterior.
Los miré a ambos y, sin responder con palabras, dejé deslizar la toalla hasta el suelo. Quedé completamente desnuda frente a estos dos machos alzados y eso fue lo único que ambos necesitaron para entrar a la habitación y cerrar la puerta detrás de ellos.
Les advertí que el culo todavía me ardía y me dolía demasiado como para volver a entregarlo. Dijeron que mi concha ardiente sería suficiente…
Alberto se inclinó y recogió del suelo unos zapatos rojos de taco alto.
Confesó que ese detalle lo excitaba mucho y me pidió que me los calzara antes de comenzar. Me aseguró que así estaría más desnuda todavía…

Con una sonrisa en los labios me recosté de espaldas sobre la cama; abrí mis piernas y los miré a ambos, preguntándoles cuál sería el primero…
Alberto dijo entonces que le tocaba a Carlos. Este último sonrió y comenzó a desnudarse. Pronto lo tuve entre mis muslos, lamiéndome expertamente mis labios vaginales todavía inflamados por la actividad reciente…
En un par de minutos Carlos me arrancó el primer orgasmo matutino, que grité como loca hasta casi quedar afónica. Realmente el tipo sabía cómo chupar una concha hasta convertirla en fuego…
Cuando supo que yo había acabado, Carlos se incorporó y me pidió que me pusiera a cuatro patas. Le recordé nuestro trato y me prometió que no intentaría sodomizarme…
Enseguida me aferró por las caderas y pronto sentí que su verga dura comenzaba a penetrar poderosamente entre mis labios vaginales, abriéndose paso hasta el final de mi humedecida concha.
Comenzó a bombearme muy despacio al principio; pero luego fue acrecentando la cadencia de sus embates, que pronto se convirtieron en profundas penetraciones que me hacían delirar e placer y lujuria…
Carlos acabó demasiado pronto, para cederle su lugar a su amigo.
Alberto ya estaba desnudo y sobándose su enorme verga; me preguntó si realmente no quería intentar otra vez sentirlo abrirme la cola. Dije que no…
Me hizo poner boca arriba y me penetró suavemente, mientras colocaba mis tobillos en sus hombros. Comenzó a bombearme la concha; cada vez con más ímpetu.
En pocos segundos llegué al clímax y aullé mi orgasmo como una loca…
Verme acabar incentivó bastante a Alberto, ya que, enseguida él tensó su espalda y pude sentir su semen hirviente invadiendo mi vientre..
Mientras descansábamos volví a preguntar por mi marido y Alberto estalló en carcajadas, diciendo que seguramente estaría disfrutando del voluptuoso cuerpo de Martha, en esa misma cabaña donde ellos me habían cogido la noche anterior. Carlos asintió con expresión seria y me dijo que yo misma podía ir a comprobar que eso era cierto…
Un poco intrigada, me vestí y decidí caminar un poco para verificar eso…
Era verdad. Me asomé apenas por la puerta de esa sucia cabaña y pude verificar la escena que aparecía frente a mis ojos.
Mi amiga Martha estaba de rodillas sobre el piso, en cuatro, mirando la pared con una mirada vacía, mientras se bamboleaba hacia adelante y atrás.
Entre sus muslos estaba mi adorado esposo, gruñendo con los ojos cerrados, mientras sus manos aferraban las caderas de Martha y las llevaban hacia atrás, al encuentro de esa verga enorme que yo tan bien conocía; pero que ahora entraba y salía de una concha ajena…
No necesitaba ver más. Regresé a la cabaña principal y, desde lejos, pude ver en un ventanal que Alberto y Carlos seguían desnudos, sobándose sus vergas duras, sonriendo y, naturalmente, esperando por mí…

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